REFLEXIONES SOBRE ARTE CONTEMPORÁNEO · POR ZURIÑE LAFÓN

Baixa Chiado (Lisboa) y Álvaro Siza

 | Ellis Paul – The World Ain’t Slowin’ Down

1992, Baixa Chiado, Lisboa. Cruce de la Rua Ivens con la Rua Garrett. Donde los turistas se hacen fotos para enseñar en su regreso a casa, donde se encuentra la pastelería de parada obligatoria, “A Brasileira” –o en eso se han puesto de acuerdo las guías de viajes-, y donde se encuentran las tiendas, hoteles y cafeterías más lujosas del barrio.

Y, tras la descripción por cumplido, lo importante. Allí se sitúa, sin intención de serlo, una pequeña plaza peatonal. Es más bien es un cruce de calles torpe y mal calculado, en cuesta, donde las terrazas de las cafeterías invaden la acera y la aglomeración de gente se da a cualquier hora del día. Ahí, justo a aquel cruce, tuvo que enfrentarse el arquitecto portugués Álvaro Siza para proyectar una estación de Metro, la que luego sería la parada Baixa Chiado.

Y proyectó, claro que si proyectó. Exactamente, 45 metros bajo suelo. Tres tramos de escaleras mecánicas que descienden bajo inmensas bóvedas hasta llegar a la entrada principal de las vías. Dos fueron los aspectos que más me llamaron la atención.

En primer lugar, el ambiente. Una iluminación cálida y directamente proyectada hacia el techo. Normalmente, pensémoslo, nos encontramos una luz cenital, directamente desde el techo enfocando el suelo y los viandantes. Casi seguro, fosforescente –es decir, que ilumina demasiado, amarillenta y barata-. Aquí no, la iluminación está especialmente cuidada, crea un ambiente cálido, como anaranjado; una luz indirecta que pasa desapercibida pero que al mismo tiempo permite que  aquel lugar bajo tierra este perfectamente visible.

En segundo lugar, el material elegido. Todo, absolutamente todo (excepto suelos y puertas) esta cubierto de cerámica. ¡Vaya, tampoco es casual! Lisboa, país dedicado a la cerámica sin escondite alguno. U Oporto, ciudad que reviste iglesias enteras en su exterior con baldosas (sí, esas que en España colocamos en los baños). Álvaro Siza, portugués, estuvo atento. ¿Cómo armonizar un proyecto en la década de los 90 con uno de los barrios más antiguos de la ciudad, donde los edificios se caen a pedazos y la decadencia es uno de los valores más preciados? Sin pintar, sin gotelé, sin papel, sin nada. Baldosín de cerámica blanco roto que multiplicaba el efecto de la luz desde el techo hasta el suelo.


Estas son las fotografías que pude sacar en la estación. Pido disculpas por la calidad de las fotos, pero sobre todo porque queda lejos de la experiencia real (el espacio, la luz) lo que se ve en ellas. Si quieres ver la fotografía a mayor tamaño, haz click encima de ella.

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