Expresionismo Abstracto. El caso español: Antonio Saura y Tàpies

Spain is different es el eslogan que utilizó el Ministerio para promocionar España durante el Franquismo. Una tiranía de los tópicos que recayó sobre los artistas.

En este apartado vamos a destacar el trabajo artístico de tres artistas: Fernando Zóbel, Antoni Tàpies y Antonio Saura. El primero de ellos, aporta una visión extranjera a lo que estaba ocurriendo dentro del país. Tàpies, como fundador del grupo Dau al Set y Saura, del grupo El Paso, ambos grupos imprescindibles para comprender el informalismo español.

Fernando Zóbel formó parte de los artistas españoles de la posguerra, una generación única que fue la matriz del Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Nació en Filipinas, en una familia española y pronto comenzó a viajar por el mundo. En 1946, estudiando en Harvard, se rodeó de un ambiente que propició su inicio en la pintura: poetas, grandes profesores… que crearon para Fernando un momento mágico.

En uno de los viajes a Madrid, por casualidad, Zóbel descubre una exposición en una sala de pintura abstracta y no solo disfruta de las pinturas sino que incluso compra algunas de las obras. En esa visita, también conoce a Rueda, con quien intercambia pinturas. Zóbel vuelve a Manila pero con ganas inmensas de volver a España, viaje que realiza de nuevo en el momento en el que los expresionistas abstractos españoles comienzan a suscitar interés.

Zóbel comienza a adquirir obras de los pintores españoles (que ya eran sus amigos) y su casa empieza a llenarse demasiado, hasta el punto que decide convertir su colección en objeto de museo. Proyecto que lleva a cabo con el resto de pintores en las casas colgadas de Cuenca -y colección que pasará en la década de los 80 a la Fundación Juan March-.

Fue una época delicada, pues el Franquismo, en pleno aperturismo, comenzó a interesarse por utilizar al grupo de pintores informalistas como imagen del régimen. Pero los artistas tenían claro que el régimen no podía apropiarse de la idea, pues no le correspondía económicamente (pues el proyecto era de un particular) pero tampoco ideológicamente, tal y como explica el pintor Teixidor. Para comprender la historia, se recomienza ver el documental «Colgados de un sueño».


ANTONI TÀPIES
(1923 – 2012)

Tàpies es un exponente mundial del informalismo. En la actualidad, cuenta con un centro de estudio en Barcelona, la Fundación Antoni Tàpies.

Gran autodidacta, creó un estilo propio que establecía una relación -tan especial como complicada- entre tradición y vanguardia. Tàpies presentaba en sus obras una abstracción llena de simbolismo. Era un gran amante de la filosofía, la música y la literatura, no sólo de la pintura. A los 18 años sufre tisis, una enfermedad que le provoca fuertes fiebres y alucinaciones, primordiales para comprender su obra.

Estudia Derecho pero su amor por el arte le hace abandonar los estudios. A los dos años (25) funda Dau Al Set (surrealismo y dadaismo). 

Influencia de oriente y el budismo
A Tàpies siempre se le ha incluido dentro de la corriente de pintura matérica. Es decir, aquella en la que los pintores incluyen materiales en sus obras que no son considerados artísticos, como las cuerdas o papel. Y es cierto, este interés por estos materiales está en su obra. Pero va más allá. Tàpies da una gran relevancia al sustrato material de la obra con un sentido de gran espiritualidad. El soporte material trasciende su estado para significar un profundo análisis de la condición humana. Se borran y eliminan los límites entre materia y espíritu, entre hombre y naturaleza.

Años 70: tinte político
Siempre sensible a los acontecimientos políticos y sociales del momento, a finales de los 60 y principios de los 70 intensificó su oposición a la dictadura franquista. Tàpies, al igual que otros pintores como Chillida, fueron firmes opositores al régimen franquista. En su obra se aprecia, en ocasiones, una clara reivindicación catalanista y oposición al régimen de Franco.

L’Esperit Catalá, Antoni Tàpies, 1971. Las barras de color rojo sobre fondo amarillo muestran un compromiso político del artista, un grito de amor profundo a su tierra, revelando la imagen de un muro como espacio lacerado de cicatrices humanas del tiempo y espejo gráfico de unas ansias de libertad. [Ver descripción de la obra]

[1] Austeridad cromática
Tàpies presenta en su obra colores fríos y terrosos. Ente ellos, el ocre, marrón, gris, beige o negro. Según las explicaciones del propio pintor, parece que esta decisión se toma en contraposición a los colores que utilizaban los abstractos geométricos, por ejemplo en la Escuela de la Bauhaus. Esos colores primarios -rojo, azul, amarillo- Tàpies los comprende muy cerca del mundo de la publicidad y la comunicación, y busca en estos colores terrosos un estado más íntimo e interiorizado. 

[2] Carácter iconográfico
Encontramos en su obra cruces, lunas, asteriscos, letras, números, figuras geométricas… Un mundo iconográfico complejísimo que va mucho más allá de la mera abstracción. Son alegorías del mundo interior del artista que evocan temas profundos y comprometidos como la vida, la muerte o la soledad. 

Es cierto que Tàpies reflexiona de manera muy existencialista, siendo consciente de que el dolor, por ejemplo, aparece como algo inherente a la vida, pero siempre presenta esta visión algo fatalista aportando una luz de esperanza: el hombre tiene capacidad de acción frente a esta situación.

Entre sus iconos más frecuentes encontramos la cruz, que hace referencia a un planteamiento filosófico de vida y muerte. También hace alusión al martirio de Cristo y por supuesto el artista no puede olvidar que España, tras la Guerra Civil, España es un gran cementerio. También aparecen con frecuencia la letra A, que hace alusión a su nombre, o la letra T, a su pareja Teresa. Incluso la letra M, que alude a las líneas en forma de M que aparecen en nuestra palma de la mano y que universalmente se comprenden como las líneas de la muerte.

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Creu i R, Tàpies, 1975. Antoni Tàpies pinta Creu i R en 1975, meses antes de la muerte de Franco. Durante aquel año, el artista contribuye con un cartel y una litografía a una campaña para abolir la pena de muerte en España, y participa activamente en las luchas que pedían la amnistía de los presos políticos del régimen franquista. (Leer más)


ANTONIO SAURA
(1930 – 1998)

Saura fue otro de los pintores referencia internacional en el ámbito del informalismo o expresionismo abstracto. Pero, de la misma manera que Tàpies, su relación con este movimiento fue algo más complicada. Como puede apreciarse en sus obras, Saura crea desde la abstracción pero sin olvidar la figuración.

Una dura enfermedad en su adolescencia -tuberculosis- hace que Saura caiga inmóvil en una cama 5 años de su vida. Unos años además importantes en la formación de la personalidad y el carácter. Parece que este exceso de tiempo postrado le ayudó a conectar más con su mundo interior y surgió en él la necesidad de expresión. Ya el último año que él pasa en cama, decide pintar uno de sus sueños, acercándose sin querer al mundo del surrealismo.

Con 20 años realiza su primera exposición en una pequeña librería de Zaragoza llamada «Constelaciones». Y al año siguiente, el pintor ya decide viajar a París, donde participa con el grupo surrealista. Es un exilio voluntario, en parte en búsqueda de información artística que no llega a España, pero también en búsqueda de una libertad mayor de la que se vive en su propio país.

Una vez allí, Saura ve que el grupo está en un agónico final, y vive más de un pasado legendario que de un presente que pudiera disfrutar, así que decide regresar a España y aportar al país lo que ha aprendido fuera.

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Grupo El Paso. El 4º desde la izquierda: Antonio Saura, creador del grupo.

Desde este punto de vista, funda en 1957 el grupo El Paso, un colectivo de artistas de Madrid que pronto se convierte en el grupo de mayor relevancia para la definición de la vanguardia española de posguerra. Desempeñó un papel fundamental en el proceso de normalización de la vanguardia.

Desde entonces, su vida se mueve entre París, Madrid y Cuenca (gracias a la actividad con el museo abstracto por parte de Zóbel).

En su regreso a España, hubiera sido sencillo que Saura se sumase a la moda informalista, sin embargo en su obra no hay una completa abstracción. Su obra se puede relacionar con el Expresionismo Abstracto pero, como en el caso de Tàpies, sería una descripción algo reduccionista que no nos permitiría llegar a comprender la obra de Saura. Antonio Saura no se sube a la moda del informalismo ni a la seducción infiel que era en ocasiones la vanguardia.

En este sentido, Saura, aún joven, muestra una actitud artística valiente, de desmarque y autoafirmación hacia una pintura compleja.

«Mis obras no son caricaturas»
Una de las ideas que más reiteraba el pintor eran sus explicaciones sobre el proceso de su pintura. Saura bebe directamente de las últimas experimentaciones con la abstracción, y parte de ella para sus creaciones. Es cierto que en sus obras aparecen signos que podemos reconocer (ojos, bocas, caras…) pero en ningún caso tienen el lugar que esperamos que tengan ni las proporciones que corresponden.

Es decir, no hay una deformación de la realidad, lo que sería una caricatura. No en el sentido más banal de la palabra, entiéndase por caricatura una deformación de un signo morfológico, como pudo hacer en su momento Pablo Picasso. Al contrario, Saura parte de la abstracción y sus obras surgen del propio mecanismo de la pintura.

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Crucifixión, Antonio Saura, 1959-1963.

Monstruos pintados
Así es como denomina Saura a sus obras. Como en el caso de Pollock y otros expresionistas abstractos, el momento de pintar es clave para el pintor. Un momento que él ha calificado como «una lucha con la imagen». Es cierto que Saura parte de unos elementos que sabe que estarán en el cuadro, pero a partir de ese momento, todo es inesperado y violento.

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Grito nº7, Antonio Saura.

Todos los signos son tomados de sus propios fantasmas personales, es decir, de aquellos temas que obsesionan al pintor. Se utilizan como estructuras para poder construir un cuadro. Por ejemplo: el erotismo, el cuerpo de la mujer, la muerte, el presente, el pasado.

Para Saura, su obra está en el punto opuesto de la representación de la realidad. Es un proceso contrario en el cual, a través de signos y a través del proceso de la pintura abstracta, comienza un juego pictórico que dista de la realidad cotidiana.

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