El Genio del claroscuro: Michelangelo Merisi da Caravaggio

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«Habrá gente que dude. La pasión por Caravaggio es universal, 400 años son muchos y vendrán nuevas teorías» (El País). Con motivo de la nueva teoría sobre la muerte del pintor, traigo una de las historias mejor contadas: Power of Art: Caravaggio, by Simon Schama.


La luz es lo que cuenta
. La luz que es demasiado pura y fuerte para que los espiritualmente cortos de vista, como el viejo de las gafas y las monedas, las vean. Para los que pienses que esto suena un poco a teatro o a película, bueno, tienen toda la razón. Lo que Caravaggio quería era que la gente entrara en la oscuridad, en este espacio, y de repente se encontraran en presencia, no de una pintura en absoluto, sino de un acontecimiento real. Ver es creer.

Italia, 1610. Caravaggio se da a la fuga… otra vez. No es ajeno a los problemas, el artista tuvo lios con la ley la mayor parte de su vida. Pero esta vez es diferente. Esta vez, le buscan por asesinato. Se ha puesto precio a su cabeza, vivo o muerto. Asi que hace lo que siempre hizo, hace lo que sabe hacer mejor. Intentar escapar de sus problemas pintando.  Y esto es lo que pinta: David con la cabeza de Goliath.

Imagen: Adventures in Real Life

Es un autorretrato, pero, ¿por qué no se otorga Caravaggio el papel del héroe David? ¿Por qué se pinta asimismo como el villano de la escena, el monstruo, Goliath? Tal vez espera que haciendo esta declaración de culpabilidad en pintura, tal vez ofreciendo su cabeza en un cuadro, salvará la suya en la vida real. Nos gusta pensar que el genio es el héroe, ¿verdad? Que el bueno gana. Pero este es Caravaggio, y el genio es el villano.

Es un autorretrato como nunca se ha pintado ningun antes. Normalmente, cuando los artistas se miraban en el espejo, les gustaba lo que veían, y lo que veían eran hombres, jóvenes o viejos, cuyas facciones eran ennoblecidas por su llamada a llevar la virtud, la belleza y la gracia al mundo. Pero miren a Caravaggio.

Una cabeza decapitada, es Goliath, grotesco y ensangrentado… un monstruo.  En la Decapitación de Juan el Bautista, el mal lo hacían otras personas. Aquí es Caravaggio el que encarna la maldad. En esa victoria de la virtud sobre el mal, David debería ser el centro de atención. ¿Pero vieron alguna vez a un vencedor menos jubiloso?

A su espada hay una inscripción: «La humildad conquista al orgullo». Una batalla que ha sido librada en la cabeza de Caravaggio, entre los dos lados del pintor representados aquí. Hay un devoto y valiente David Caravaggio y hay también un criminal pecador, Goliath Caravaggio. Sé quién fui (dice una cabeza patética, incapaz de mirarnos a los ojos), sé que lo hice. Una escena desoladora: nada de virtud, ni gracia, solo la oscura verdad proveniente del interior de la cabeza de Caravaggio inundada de trágica autoconciencia.

En julio de 1610, Caravaggio enrolló sus pinturas y zarpó a Nápoles con dirección a casa. Navegando hacia el norte, su barco se paró en el pequeño puerto de Palo, en la costa justo al oeste de Roma. Aquí, el capitán de la guardia local o no había oído sobre su perdón o le confundió con otro fugitivo. En cualquier caso lo mete en la cárcel. Para cuando consigue pagar para poder salir, el barco ha zarpado, junto con sus pinturas, su obsequio para Borghese. Desesperado por alcanzar el barco, sale hacia el norte hacia Porto Ercole, cien kilómetros por una región de ciénagas infestadas de malaria, el Maremma.  Aquí le esperaba el desastre final. En un intento patético por llamar al barco, Caravaggio empieza a correr por la playa bajo el abrasador sol de julio, antes de desplomarse sobre la arena. Caravaggio sufre ya una fiebre aguda y es llevado al hospital monástico local. Allí según las crónicas contemporáneas, sin la ayuda de Dios ni de hombre algunó, murió. Tan miserable como había vivido.

Poco después el sobrino del Papa, Scipione Borghese, finalmente recibe las pinturas con las que Caravaggio había esperado ganar su perdón. Aquellas que se quedaron en el barco. El cardenal se encuentra cara a cara con la pintura del pintor como un Goliath muerto. El Cardenal no está acostumbrado a esto. Los artistas han recibido un don de Dios para llevar belleza al mundo, para poner a las criaturas mortales en contacto con sus yos más elevados. Así debía ser. Pero Caravaggio nunca hizo nada de la forma en la que debía hacerse. Aquí estoy, dice su cabeza muerta, que parece aún viva. Decían que cualquiera que entregara mi cabeza, sería recompensado. Bueno, me entrego yo mismo, ¿eso es suficiente?, ¿puedo tener mi recompensa?, ¿puedo tener mi perdón? «Lo siento, -dice el cardenal- lo siento mucho. Llegas demasiado tarde».

* Fotos obtenidas de capturas del documental. BBC | Power of Art – Caravaggio

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