La responsabilidad en el Arte

1914, National Gallery de Londres.
Mary Richardson se compra un cuchillo de cocina y entra decidida al museo. Una vez allí, buscaría un cuadro: «La Venus del Espejo».

La Venus del Espejo, por Diego Velázquez, 1649

Asesté el primer golpe con el cuchillo, pero lo único que hizo fue romper el cristal. El policía, en vez de detenerme, se levantó y fue al otro lado del sofá en el que había estado sentado, mirando hacia arriba, al tragaluz. Así que la fortuna me ayudó a asestar cinco cuchilladas a la Venus. Ella es Mary, en una entrevista en 1958, cuando contaba en una televisión inglesa el suceso de casi medio siglo antes.

Explicación del ataque en los periódicos

Al día siguiente (volvemos a 1914), la impulsiva joven compadeció ante el juez, quien explicó que lo que buscaba era destruir a la mujer más hermosa de la historia mitológica de la misma manera que el gobierno estaba destruyendo a la señorita Pankhurst, el personaje más hermoso de la historia moderna.

Mary Richardson en los momentos de detención

Claro, la obra maestra de Velázquez se exhibía ahora en Trafalgar Square para todo el mundo. Y esto suponía, también, un peligro: mientras era aclamada como la epítome de la belleza femenina, las mujeres de Gran Bretaña estaban en plena rebelión, querían el voto. La señorita Pankhurst, líder sufragista, defendía que era legítimo atacar propiedades gubernamentales para promover la causa del voto para las mujeres. Y muchas sufragistas respondieron a su llamada, como Mary Richardson.

Sin duda, el ataque se convirtió en historia para tabloides, momentos en los que la prensa alcanzaba cifras de circulación de más de un millón. Lynda Nead, profesora del colegio Birkbeck en Londres lo explica muy bien: lo que es interesante es el modo en el que la prensa representa el ataque de Richardson al cuadro. El lenguaje que utiliza y el modo en que compone las fotografías lo convierten en una especie de historia sensacionalista de asesinato. Hablan de Richardson asestando una lluvia de puñaladas al cuadro, golpeándolo con su hacha en su frenético ataque. Y se convirtió en Mary la acuchilladora. Esto era pocos años después de Jack el destripador, y llamar a Richardson Mary la acuchilladora es convertirla en una asesina en serie y, por supuesto, también convierte al cuadro en una victima inocente.

Mary Richardson
Noticia en un periódico local

Hoy, rodeados de imágenes publicitarias, no podemos comprender del todo lo que supuso que ese cuadro se expusiera en un lugar público, y no en uno privado: de las paredes de palacio a las paredes de la National Gallery. Pero, ¿quién se atrevería, con la Inquisición mirando tras la ventana, a pintar un desnudo en pleno siglo XVII? Nada más y nada menos que el pintor del Rey: Diego Velázquez. ¿Se imaginaría el pintor, 350 años antes, que una mujer ofendida acuchillaría con saña su lienzo expuesto tras un cristal en la National Gallery de Londres por motivos políticos?

* Hoy abro este blog inspirada tras leer un artículo de Javier Gomá Lanzón en Babelia [El País]. Tanto la historia como las imágenes proceden de un documental que forma parte de una colección bajo el nombre de: La vida privada de las obras de maestras.

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