Las redes sociales y las imágenes. Una carta a Paula Bonet

Esta entrada habla sobre imágenes y redes sociales. También de la obra de Paula Bonet. Este es mi planteamiento pero el SEO de esta página ya me está indicando que este post no gustará mucho a Google. No me importa. Es el momento ahora (y ya vamos tarde) de parar y reflexionar sobre cosas importantes que no estamos haciendo bien.

Estimada Paula Bonet,

Quizá nunca leas estas líneas. Sigo muy de cerca tu trabajo y siempre que he podido, he acudido a los encuentros y presentaciones de tus libros a escucharte. Lo máximo que me he atrevido a hacer es alguna intervención desde mi silla para darte las gracias por tu generosidad. Si por algún casual estás al otro lado, gracias otra vez, por todo lo que haces.

Desde hace tiempo me viene molestando algo con respecto a tu obra. También con otros artistas, pero en tú caso más. No sé exactamente porqué. Es lo que voy a intentar explicar a continuación. 

Escribo desde un ordenador. Y este ordenador está conectado a internet y es una las cosas que agradezco cada día, porque me permite estar informada de lo que quiero y como yo quiero. Elijo sobre lo qué leer y elijo a quién quiero leer. Me parece un lujo.

También me parece un privilegio poder seguir de cerca la obra de los creadores de imágenes gracias a las cuentas personales que trabajáis cada día. Estas cuentas nos permiten comprender mejor el momento vital por el que estáis pasando y conectar con vuestra obra

Ahora bien, y ya con constancia de mi estado a favor de internet y las redes sociales, creo que existe un límite que debemos remarcar

El otro día leí gracias a tu cuenta de twitter cómo El País (un periódico que, como periodista, considero referencia y flautista de Amelín en lo que a cultura se refiere) publica una ilustración que es una copia de uno de aquellos dibujos tuyos que tanto gustaron.  

Me enfadó, me entristeció y me decepcionó: Esto que está pasando es una mierda. Pero sobre todo es gravísimo. Y mientras tú sigues con tu trabajo, yo sigo enquistada en ese tweet y en dos cuestiones que creo importante gritar:

La primera de ellas es sobre tus famosos “primeros” dibujos (primeros para el público que los encontró). Siempre que hablas sobre ellos, te escucho con atención y en repetidas ocasiones te refieres a ellos como algo que te ha dolido y que ha supuesto una lucha personal para ti. Creo recordar que en algún momento intentas desvincularte de estas imágenes que tú misma has creado. Son aquellos que publicaste en las redes sociales tras años trabajando y que conectaron con un público, digamos, masivo. En tus palabras, fueron “altavoz” y “bofetón” al mismo tiempo.

Y es aquí donde quería llegar: cómo las redes sociales son un arma de doble filo para las imágenes, pues son capaces de democratizar conocimiento pero al mismo tiempo de banalizar el contenido que se comparte, en este caso, tu obra.

Sin mucho conocimiento, entiendo de alguna manera tu deseo de desvinculación. Nos gusta -en nuestro mundo caótico- que todo esté ordenado y simplificado para poder comprenderlo mejor: Paula Bonet es ilustradora. Puedes escribir, puedes volver al óleo, que será complicado que el público te desetiquete. Esa desvinculación entiendo que fue el deseo de gritar que no -solo- eras ilustradora. Admiro el trabajo de tus libros, y creo que tus imágenes no ilustran nada. Son por sí mismas. De la misma manera que lo son tus textos.

Yo creo que esos dibujos son tuyos, tan tuyos como tu último trabajo. Pero que el compromiso con esas imágenes ha crecido conforme tú has crecido con la vida. Siento de manera muy profunda que el público que está detrás de las redes sociales no ha adquirido ese grado de compromiso al contemplar tus imágenes. No tiene que ver (o sí es así, solo mínimamente) con la cuestión de las pantallas. Es evidente que ver un cuadro tuyo en un móvil roba la experiencia visual necesaria. Pero es una cuestión que va mucho más allá: nuestro compromiso con lo que miramos. Empiezo a cerrarme a la idea de la democratización de la cultura, pues sale perdiendo el más generoso, es decir, el artista

Veo tu última obra y veo también como te abres en canal. Tu grado de compromiso es total, no solo con el arte, sino con la vida en general.

He estado tiempo pensando en tus roedores. Y son estas imágenes las que sí considero un bofetón. La charla que nos regalaste en mi ciudad sobre tu libro se convirtió en un foro de experiencias sobre el aborto que el público compartió. Lo siento, y aquí seguro que discrepas conmigo porque veo la empatía que muestras con los demás. Pero lo sentí como una falta de respeto y de nuevo una muestra de la poca responsabilidad de la gente que se enfrentó a tus imágenes, que es de lo que se iba a hablar. Porque si las hubieran mirado un segundo, no querrían otra cosa que escucharte. Tampoco había hombres (conté 3). Iba a decir que ese es otro tema, pero no, es el mismo.

También he estado tiempo pensando en tu reflexión acerca de la mirada. No solo de manera literal:

También de manera sutil, en 813 uno puede ver un triángulo de miradas entre el lector y Paula Bonet, Paula Bonet y Truffaut, y Truffaut y la realidad que filmó. Y tu imagen visitando su tumba en el cementerio parisino de Montmartre.

Por todas tus imágenes, gracias.

Esta poca responsabilidad no es gratuita. Quiero decir, que tiene consecuencias: una banalización grave, peligrosa e inevitable. He entendido que el público adquiere una idea que funciona de manera proporcional: cuanto más accesible es una imagen menos la respeta. El compromiso de nuestra mirada desciende a la velocidad de la luz. Una película pirateada, un disco en un usb o una obra tuya en pinterest. El fácil acceso roba a la obra su dignidad

Por eso ha ocurrido esa copia en El País, y por eso me duele pensar que no existió un director de arte con una cultura visual mínima para reconocer ese dibujo, que forma parte -indiscutiblemente- del colectivo visual y evitase el robo. Que remarcase, de alguna manera, ese límite del que hablaba al comienzo de esta carta.

Nos faltan guardianes de imágenes que velen por su seguridad.

Ya lo explicó muy bien Calvo Serraller: hoy, más que nunca, somos completamente egoístas con vosotros, no hay época en la que los artistas más nos déis y que más os pidamos.

Gracias, Paula.

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