«Me gustaría que la gente necesite al artista como necesita al médico», Antonio López

Antonio López y Juan José Aquerreta han participado en un coloquio organizado por el Museo Universidad de Navarra sobre «La obra de arte como encargo o como trabajo voluntario».

Es complicado encontrarse a dos personas que, llevándose continuamente la contraria, estén tan de acuerdo en todo lo que dicen. Antonio López escuchaba con atención a Juan José Aquerreta, pero no esperaba a que terminase para rebatir su idea, con la ansiedad característica del que participa en un buen debate. Por su parte, Aquerreta le esperaba y entonces negaba lo que acababa de decir.

Aquerreta: Yo creo que el dibujo es difícil de vender.
Antonio López: Pues yo he vendido todos mis dibujos.
Aquerreta: Pues qué suerte.

Hablaban para el auditorio del Museo Universidad de Navarra, donde se encuentran impartiendo un curso de pintura al óleo en la Escuela de Arquitectura. Antonio, mientras alguien intervenía, aprovechaba para quitarse la pintura que le quedaba en las uñas de haber estado durante el día en el taller. El tema del coloquio versaba sobre las diferencias entre la obra de arte como encargo o como trabajo voluntario. Y no podía ser más actual después de las polémicas que el retrato real de Antonio López ha suscitado: “Aguantas el chaparrón y ya está. Ya sabes cómo es la gente y tienes que vivir con esa incomprensión. Como los impresionistas. Fueron unos héroes, vivieron en una sociedad que no les comprendió. Es fácil ser héroe un día, pero el reto está en serlo siempre”. El encargo es sólo uno de los seis que Antonio López ha aceptado a lo largo de toda su vida profesional y, además, cree que hoy este tipo de mecenazgo ha desaparecido. Aún así, tiene claro que incluso cuando el artista hace una obra por petición, no deja de ser él mismo. En ocasiones, reflexiona, es de agradecer: “Trabajar para uno solo es una pesadez. A veces, un estímulo del exterior es necesario”, contaba Antonio López.

Sus enormes esculturas han recorrido las calles españolas. Su obra “Noche y día”, el par de cabezas inspiradas en la cara de su nieta, pesan más de 2.000 kilos y miden más de 3 metros. Han estado, entre otros sitios, recibiendo a los viajeros que llegaban desde los andenes en la puerta de Atocha, en Madrid. Confiesa Antonio López que, por ejemplo, de no haber recibido el encargo nunca hubiera podido exponer su obra en la calle: “Me ha gustado mucho. A veces iba a verlas allí y me gustaba observarlas, como en su día estaban las esculturas de Miguel Ángel o Donatello”.

A Juan José Aquerreta le preocupaba la saturación de imágenes que invaden nuestro mundo hoy y que, según él, le ha robado un espacio que era propio del artista.

Aquerreta: La publicidad ha invadido el mundo del arte. Hay un agotamiento de las imágenes.
Antonio López: Estamos donde hemos querido estar.
Aquerreta: Pues yo no.

Era inevitable escuchar risas en el auditorio. Pero no era divertido, sino un regocijo de complicidad con los pintores y gran admiración por sus palabras. Ellos estaban allí, pero no con nosotros. Sus sillas han acabado giradas y, ellos, enfrentados; y, los asistentes, haciendo un sobresfuerzo por escuchar lo que decían, pues tanto Antonio como Juan José han terminado lejos de los micrófonos. Explicaba Aquerreta que hemos quedado conquistados por la televisión, por ejemplo, pero recalca que todavía no ha encontrado a nadie que le afirme su amor por lo que en ella se ofrece: “A veces usamos las cosas sólo porque están ahí y es fácil acceder a ellas”. Al hilo del tema de los medios de comunicación ha surgido el asunto del público. “Antonio”, -ha interpelado Jaume Aurell, magnífico moderador de la charla-, “¿te importa la audiencia”?

Antonio López: A mí lo que me importa es vender.
(risas)
Antonio López: Porque eso significa que alguien desea lo que haces y ahí se cierra un círculo maravilloso. Me gustaría que la gente necesitase al artista igual que necesita al médico.
Aquerreta: Lo de servir para algo es muy moderno, y es un peso porque la sociedad te pide ser original y normal a la vez.

A pesar de que Antonio López siempre recuerda a su tío como maestro, le resulta casi inevitable citar a Velázquez, pintor al que ha reconocido tardar mucho en comprenderlo: “He entendido antes a Chagall o Bacon que a Velázquez”. Ha destacado su retrato al Papa Inocencio X como uno de los retratos más impresionantes, porque Velázquez fue capaz, sin conocer al retratado, de hacer una lectura del exterior y del interior que le fascina. Hacer retratos desde una fotografía o sin conocer al modelo, vuelve a incidir, es posible.

Antonio López: Los retratos de gente cercana, que conoces, no tienen porqué ser los mejores.
Aquerreta: Incluso son los peores.

Casi dos horas de palabras llenas de inspiración. Dos artistas grandes pero humildes, que han iluminado con sus ideas a más de las mil personas que han acudido al museo por la tarde. Ideas distintas pero destinadas a un mismo objetivo: hacer pensar. Quizá nos han enseñado que el arte resuelve cuestiones poniendo sobre la mesa todavía más preguntas.

Pregunta anónima: Antonio, ¿va a terminarse la pintura?
Antonio López: Y va a apagarse el sol. Y el hombre va a desaparecer de la Tierra. Pero no hay que pensar en esas cosas.

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