Un templo del siglo XIX para el siglo XXI

| Giulia & Los Tellarini – Barcelona

No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá. Esto es lo que dijo Elies Rogent, director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, en la licenciatura de Antonio Gaudí.

Llorenç, que dicen que ya soy arquitecto. Y esto lo que le dijo Antonio a su amigo, el escultor Llorenç Matamala, cuando recibió el título.


Su vida se la llevó un tranvía, pero la culpa fue de su amor por el trabajo
, de su dedicación a la obra más impresionante de su carrera: la Sagrada Familia. Su aspecto personal había dado un giro total. De parecer un joven dandi con gustos de gourmet, de ojos azules y pelo rubio, vestir trajes caros, frecuentar el teatro y la ópera, e incluso visitar las obras montado en su carruaje, a ser confundido con un mendigo el día de su muerte. Comía con frugalidad, vestía trajes viejos y gastados y en general se mostraba con un aspecto descuidado.

El tranvía lo dejó sin sentido. Con su aspecto y la falta de documentación lo tomaron por mendigo y no fue socorrido de inmediato. Un guardia civil paró un taxi que lo condujo al Hospital de la Santa Creu. Al día siguiente lo reconoció el capellán de la Sagrada Familia, mosén Gil Parés, pero ya era tarde para hacer nada por él. Muerte de pobre, entierro de rey.

La revista Nuestro Tiempo ha publicado este mes un fantástico reportaje sobre la Sagrada Familia en Barcelona, escrito por Juan Bassegoda Nonell, presidente de la Asociación de Amigos de Gaudí y extitular de la Real Cátedra Gaudí (1968 – 2000). Más allá de sus bóvedas forestales o del perfil parabólico de sus torres, la Sagrada Familia es una lección de teoría de la arquitectura, así comienza este reportaje, La última lección de Gaudí.


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