Memorias de un exilio: Minuta de un testamento, de Eduardo Arroyo

En 2009, el pintor y escritor Eduardo Arroyo publicaba Minuta de un testamento. Y, aunque han pasado unos años, es un libro que no pierde actualidad y, sobre todo, del que se aprende algo nuevo cada vez que se relee.

Enfrentarse a la lectura de una autobiografía ajena siempre resulta ser una labor complicada. No tanto por las ideas expuestas, sino porque muchas veces uno tiene la sensación de sumergirse en pensamientos a los que no está invitado. Eduardo Arroyo es descarado con sus ideas, pero tiene una forma muy elegante de contarlas.

Cuando comencé las primeras páginas pensé, sin lugar a dudas, que en este libro se encontraba la mejor crónica de una calle de Madrid. En ella, la calle Argensola, se encontraba el domicilio donde nació Arroyo en febrero de 1937, «‘bajo las bombas», como él mismo explica. El relato, que recorre cronológicamente su vida, ofrece algunas pistas que nos ayudan a comprender la obra de Eduardo Arroyo. Y no me refiero tanto a cuestiones políticas: me cansa un poco encontrarme interpretaciones de sus pinturas a la luz de una lectura comunista. Prefiero saber que veía entre 6 y 8 películas a la semana cuando era pequeño, lo que nos hace comprender la facilidad con la que comprendió la efectividad del lenguaje visual.

Mientras permanecías sentado en la oscuridad pero iluminado por el resplandor de las imágenes, parecía que nada de lo que ocurría en el exterior podía afectarte, que nadie podía distraer tu continua educación cinematográfica. A pesar de la censura, la variada producción americana acudía puntual a la cita junto con todo el cine español.

No lo voy a esconder, retomé esta autobiografía para buscar información sobre su exilio, ¿qué había movido realmente a Arroyo para marcharse de su país? Esto está maravillosamente explicado en el libro y sería pretencioso hacer un resumen. Eso sí, el exilio fue voluntario: «La pintura fue mi compañera de exilio. El exilio te ocupa día y noche. Es la actividad principal de un pintor que conspira y combate para tomar posesión de su sitio, ese sitio que no tiene sitio».

Sus relaciones familiares, con las mujeres y con otros artistas invaden las páginas del libro. Como él mismo explica, nunca se formó en una escuela de Bellas Artes, así que la Historia del Arte es, para él, un relato de recuerdos y encuentros con otros protagonistas. Eso son estas memorias y por eso merecen la pena ser recuperadas de nuevo de la biblioteca.

Minuta de un testamento
Eduardo Arroyo
Galaxia Gutenberg
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