REFLEXIONES SOBRE ARTE CONTEMPORÁNEO · POR ZURIÑE LAFÓN

El gesto americano

El 3 de febrero el Museo Guggenheim abrió las puertas de la exposición de Expresionismo Abstracto, que permanecerá en Bilbao hasta el 4 de junio de 2017. Los comisarios -David Anfam, Edith Devaney y Lucía Aguirre- han reunido la mayor muestra sobre este movimiento en Europa desde 1959. La exposición cuenta con obras de De Kooning, Rothko, Jackson Pollock, Clyfford Still, Robert Motherwell o Barnett Newman.

Fotograma de la película "Jackson Pollock, la vida de un creador" (2000).

Fotograma de la película “Jackson Pollock, la vida de un creador” (2000).

Nueva York, 1940
Música jazz, poesía de la generación beat y Pollock, Rothko y De Kooning. Quienes después serían los niños mimados de Nueva York, llegaban a la ciudad en busca de una nueva pintura que Europa no les permitía hacer. La capital de las artes estaba mudando de lugar y de París los artistas viajaron a la Gran Manzana. Los pintores huyen de los conflictos bélicos y los regímenes totalitarios, pero, sobre todo, buscan un clima abierto y predispuesto para la creación de una nueva pintura. Una nueva pintura que en absoluto comenzaría de cero, sino que sería gran heredera de movimientos europeos como el Surrealismo.

Resulta abrumador pasear las salas del museo y tratar de comprender que todo eso ocurrió en unas pocas décadas. Produce casi un bloqueo en el que entran dudas sobre si se puede seguir mirando. Parece que toda la energía creativa que transmitieron los pintores al crear hubiera quedado en las obras para siempre, como un campo magnético que las rodea. Solo al verlas en la realidad, y no en reproducciones o pantallas, uno entiende aquello que explicaba el crítico Simon Schama:  cuando les das la espalda o abandonas la habitación, todavía puedes sentir su presencia. Aunque a primera vista estas pinturas parecen inmóviles y serenas, quédense un momento ante ellas y verán que son todo lo contrario. Están en movimiento, parecen hincharse y respirar. 

Rothko, en su estudio.

Después de Basquiat y Francis Bacon, el Museo Guggenheim de Bilbao ha mantenido un nivel de una alta exigencia pero de nuevo ha vuelto a sorprender. Si quieren un consejo, visitaría la exposición siempre después de haber dado una vuelta por el Museo de Bellas Artes, a pocos metros del Guggenheim. El impacto, por comparación, todavía es mayor, como entrar a una operación sin anestesia.

 

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