La nueva narrativa museográfica del Bellas Artes de Bilbao

Desde octubre del año pasado (2018) el museo presenta su colección a través del comisario Kirmen Uribe y el «ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao». Un recorrido literario por las salas del museo donde los nuevos contextos de las obras dan lugar a una nueva mirada.

Cada mes de mayo visito el Museo de Bellas Artes de Bilbao con los alumnos de Cultura Visual de la Universidad de Navarra. Este año lo hicimos con la ilusión de ver qué había ocurrido allí, con la intriga de qué nos íbamos a encontrar.

Tras 15 años al cargo de la dirección del Museo del Prado, Miguel Zugaza volvía a su casa, a Bilbao, para dirigir de nuevo el Bellas Artes de Bilbao. Solo con un vistazo a sus ideas sobre la museografía actual y sobre qué debe ser un museo, era de esperar que algo muy interesante ocurriese con la colección del Museo de Bilbao.

Estas ideas son las que me asaltan pensando en los cambios introducidos. Algunas son reflexiones, otras son preguntas abiertas.


CAMBIOS FÍSICOS
EN EL MUSEO

Uno puede mirar hacia abajo o hacia arriba que todo ha cambiado. El suelo de mármol oscuro se ha ocultado por un suelo de madera. Y los techos no solo se han levantado sino que además se han abierto, para dar paso a unos lucernarios que llenan las salas de la luz natural de Bilbao. Además, el color de las paredes ha cambiado a un blanco puro.

¿Por qué es importante? Estos cambios suponen aliviar a las salas de la solemnidad y majestuosidad que cargaban y que el espectador se encuentre más cómodo en un ambiente más contemporáneo. Pero, cuidado, esto no es puramente estético, lo importante es que el museo se esfuerza y se adapta a los nuevos modos de ver de la sociedad actual.

CAMBIOS EN EL ORDEN
DE LA COLECCIÓN

No tuve la sensación de que, ni Uribe ni Zugaza, quisieran revolucionar el museo. Desde el comienzo de la travesía, uno comprende que esos cambios se han hecho desde un profundo respeto por la colección y el objetivo de aportar una nueva lectura a las obras.

El museo presentaba la colección de manera cronológica, muy didáctica, pero al mismo tiempo ofreciendo la idea al visitante de una cierta evolución en la historia del arte. De esta manera, las obras se presentan con un nexo conceptual.

Este nuevo relato del arte se realiza a través de las 28 letras del abecedario latino, extendido con tres fonemas del euskera («ts», la «tx» y «tz»). Es un comisariado literario. Estos han sido los conceptos elegidos:

ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao

Arte, Bilbao, Citoyen (ciudadano), Desira (deseo), Espejo, Friendship (amistad), Grotte (gruta), Heriotza (muerte), Iron (hierro), Japon, Kirol (deporte), Letra, Lluvia, Mom (mamá) , Noir (negro), Ñabar (multicolor), Otherness (otredad), Pietate (piedad), Quiet (tranquilo), Retrato, Sueño, Terre (tierra), HuTS (vacío) , ETXe (casa), BikoiTZ (doble), Urdin (azul), Vida, War (guerra), XYo, Zubi (puente)

CAMBIOS EN LA
EXPERIENCIA VISUAL

Murillo está con Oteiza, Zuloaga con Bacon, El Greco con David Hockney y Duchamp con Durrio, ¿no es esta una manera magistral de que un museo reinterprete su propia colección?

El BBAA de Bilbao es uno de los museos en los que más veces he paseado por sus salas. Cada rincón activaba mi memoria y mis recuerdos. Y las traseras de las obras, robando la expresión a Estrella de Diego, me han hablado siempre más que en otros lugares.

Pero esta reorganización ha conseguido nuevos diálogos entre las obras. En ocasiones los choques han sido violentos pero la nueva experiencia visual rompe el ensimismamiento, no solo de la colección sino del visitante.

Os traigo un ejemplo, que fue el que más me impacto durante el recorrido. Es la sala TS, HUTS / EMPTY, dedicada a Oteiza y Murillo. Os aconsejo entrar a ver la imagen publicada por El País, muestra de este diálogo provocado entre las obras.

‘San Pedro en lágrimas’ (1655), de Murillo, y la obra ‘Caja metafísica por conjunción de dos triedros’ (1958-1959), de Oteiza. Imagen: Museo Bellas Artes de Bilbao

(texto del catálogo) Esta galería, que contiene solo dos obras, busca resumir alegóricamente el concepto complejo del vacío o vacuidad. Este intento también se completa con los valores intrínsecos de las piezas que se muestran aquí.
Por un lado, desde la esfera estética, Oteiza imaginó el vacío como el resultado de la racionalización de formas o el vaciado del espacio. Ejemplos de esto son sus esferas, cubos, y como el trabajo en esta galería, cajas, en las cuales el vacío es creado por la desaparición de la masa. Este tipo de trabajo se basaba en aspectos conceptuales, teóricos y metafísicos con un componente fuertemente espiritual. Incluso el propio escultor los clasificó como arte religioso.
Por otro lado, desde el punto de vista emocional, el vacío interno producido por la traición y el arrepentimiento está representado por el San Pedro pintado por Murillo.
A pesar del abismo formal y conceptual que los separa, ambas obras dialogan sobre el vacío físico y espiritual en términos que bordean el existencialismo.

La experiencia física de la visita es una violenta experiencia emocional personal. El museo no interfiere, se limita a disponer las obras para crear las condiciones necesarias para que esa experiencia sea posible.

CAMBIOS EN LA PRESENTACIÓN
DE LAS OBRAS

Es imposible hablar de esta cuestión mejor que lo hizo Estrella de Diego en su conferencia Modos de ver el arte. En ella explica el privilegio de poder ver las traseras de las obras, de una manera conceptual pero también literal y física. Un ejemplo:

El cuadro Lavanderas en Arlés, de Paul Gauguin, se muestra suspendido en un bloque trasparente. Mediante una experiencia casi fílmica, uno puede recorrer la obra 360 grados.

Nuestra experiencia visual entiende que un cuadro debe estar en la pared. Pero el museo también nos ofrece un cambio en estos prejuicios. De manera privilegiada, tenemos acceso a la otra cara de la obra. Un acceso a lo más íntimo que hasta ahora solo podían acceder comisarios, directores de museos, restauradores y artistas.

Esta experiencia 360 tiene algo de desmitificar la obra. Quizá lo más interesante es la ruptura de la ilusión de la imagen y la toma de conciencia con su materialidad.

CAMBIOS EN LA RELACIÓN
ENTRE FUTURO Y PASADO

Si el cambio, de cronológico a conceptual, ha cambiado el nexo de unión entre las obras, también ha conseguido una nueva relación entre los conceptos de pasado y futuro. El empeño de algunos museos por establecer diferencias entre arte antiguo, moderno y contemporáneo es vencido en estas salas.

Las obras conviven en un mismo espacio y las obras más recientes actualizan las anteriores. No existe el concepto de evolución artística, sino la importancia de los modos de ver. Y esto es un interés primordial en la trayectoria de Miguel Zugaza, que siempre busca las miradas del presente en el pasado. O, en palabras de Calvo Serraller, el futuro como una catapulta a nuestro propio pasado, es decir, la tradición. Por tanto, esa separación de épocas en el arte es improductiva y gracias a la labor de museos como el Bellas Artes estos límites se están superando. Y aquí salimos ganando todos: los museos, los visitantes, y por supuesto los artistas y sus obras.

Información:
Exposición «ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao»
Fin: 2 de junio de 2019
Info en la web del museo

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